domingo, 28 de octubre de 2012

El Egregor



“Nada está inmóvil, todo se mueve, todo vibra” Kybalion



Los Pensamientos son energías que se acumulan en nuestros cuerpos y otra parte de ellos se expande y sale a la atmósfera. Son cuerpo, tienen masa y al salir de nuestro cuerpo mental adquieren vida, personalidad, son una entidad que entra a funcionar según la dirección que les hemos dado, nuestro cuerpo humano no esta capacitado para ver a simple vista estas energías, sin embargo, si las sentimos y nos afectan, ya sea de forma positiva o negativa.

Existen pensamientos negativos y positivos.
Los pensamientos negativos son opacos, afectan adversamente al ser humano y a todos aquellos a quienes van dirigidos, también rodean al individuo que los emitió en una atmosfera pesada, siniestra, la persona se vuelve desagradable, da a su fisonomía una expresión amarga, aleja de si los afectos, así crea lo que llamamos Energía Negativa.

Por el contrario, los pensamientos positivos, siembran en nuestro subconsciente un semillero maravilloso, con vibraciones luminosas que salen de nuestro cuerpo mental estimulándolas en sentido positivo. Nos proporciona, salud, belleza, energía, etc.


Al descargar esta energía se convierte en materia. Es importante saber que nuestra mente gobierna las células de nuestro cuerpo, por lo cual lo que ocurre en nuestra mente refleja lo que somos, “Tal como piensas, así eres”

La mente tiene el poder creador, vivimos en un Universo Mental, todo lo que el hombre va descubriendo para hacer realidad, ya existe en la Mente Divina.
Cualquier pensamiento tanto positivo como negativo es energía que sale de nosotros hacia el mundo exterior.

Los Egregores son pensamientos fuertemente proyectados, están regidos por la Ley del Mentalismo.
Son la sumatoria de las energías físicas, emocionales y mentales de tres o más personas cuando se reúnen con alguna finalidad, emitiendo vibraciones fuertes e idénticas por sus pensamientos que son de la misma naturaleza, así forman este Egregor por energía positiva o negativa según sea el género de los pensamientos emitidos. En su camino se une con otros pensamientos similares de otras personas y se fortifican.



El Egregor creado reaccionará sobre nosotros, es decir, todo impulso vital como pensamientos, sentimientos o emociones, que surgen de estas reuniones, produce una reacción en el espacio que provoca la forma “psíquica de un Egregor” que se establece alrededor de las personas, hogares o templos, por lo que se puede percibir las condiciones y caracteres de los mismos.

El termino original egregoros  es de origen griego y significa guardar o guardián también puede significar vigilar, velar, por lo tanto su concepto Masónico de egregor es “Vigilante” de la Logia.

El concepto ocultista del Egrégor se define como la entidad colectiva invisible surgida de una asamblea.
Cada Logia tiene su especificidad, su personalidad, que son reflejos constitutivos del conjunto de miembros que la componen, por lo tanto cada Logia tiene su egrégor específico.

El número mínimo de personas que pueden participar en esta comunicación psíquica, según todas las tradiciones, es tres, ya que ninguna de ellas por si sola posee el poder necesario para ello.
Un individuo aislado no puede manifestar esta magia porque el ego que inevitablemente lo habita inhibiría el poder de la entidad antes incluso de que tuviera tiempo de manifestarse. Una pareja tampoco puede realizar esta alquimia porque por definición es una dualidad.

 
Por lo cual se otorga gran importancia al trabajo colectivo ya que es el resultante de las individualidades que lo componen por consiguiente puede ir más allá del orden psíquico.

Existen al menos tres clases de egregores:

  1. Espíritus de la naturaleza  que han logrado permanecer consagrados en el curso de los tiempos por ritos y la fe de nuestros ancestros, han acumulado ciertos poderes que los humanos pueden en ocasiones poner en acción. Constituyen la fuente primaria  de espiritualidad humana.
  2. Egregores Sociales, son fuerzas psíquicas creadas por humanos, generalmente en forma inconciente, cuando se unen para alcanzar una meta especifica, proyectos o alguna tendencia. (en campañas políticas, encuentros deportivos masivos, conciertos de música, etc, ) estos egregores son espontáneos y tienen una duración corta.
  3. Por último, existe en otro nivel de manifestación una categoría egregoriana más orientada y esencialmente dedicada a nuestra práctica espiritual y de la cual, de hecho, es resultado. En efecto, los cultos, los ritos y las ceremonias, cuando son realizados con fe por un cierto número de personas aptas para llevarlas a cabo, inducen inevitablemente la síntesis de energías propias a éstas. Si al final de la ceremonia esta entidad no es interrumpida, ésta continúa sola y  por su propio poder , adquiriendo forma propia, que rodeará la practica misma de una protección permeable a los iniciados y espíritus.

Se dice que, estos egregores protagonistas principales de esta visión corresponden a los espíritus de cada uno de los cuatro elementos.

Existen Egregores efímeros y permanentes:
Los efímeros son impulsos psíquicos o estados de conciencia esporádicos y sin fuerza. (practicas profanas)
Los permanentes en cambio son el resultado de la acumulación de materia psíquica de manera constante por efecto de los estados de conciencia habituales.(practicas espirituales)

Las fuerzas egregorianas tienen una concepción del espacio muy diferente a la nuestra. Su sentido de pertenencia es totalmente dependiente de la adhesión psíquica de los individuos que la conforman.

El Silencio


“Antes de que el alma pueda oír, es menester que la imagen (hombre) se vuelva tan sorda a los rugidos como a los susurros; a los bramidos de los elefantes furiosos, como al zumbido argentino de la dorada mosca de fuego”.
  
H. Blavatsky





Al hablar de silencio se nos vienen a la mente múltiples significados que tienen que ver principalmente con la idea de paz, creación, perfección, sabiduría… tanto en el aspecto físico como en lo filosófico.

La palabra silencio proviene etimológicamente del latín silentium , silentiosus (de silere, callar).

Para comenzar debemos definir lo que entendemos como silencio.
Es algo diferente de la ausencia de ruido, la noción de silencio tiene múltiples sentidos posibles. “Es la abstención voluntaria de hablar para preservar la divulgación de un secreto, de una confidencias. El silencio puede ser exterior, reglamentario, como el impuesto por una orden monástica o el deber profesional de reserva. Si es interior deviene meditación. A fin de perfilar mejor su complejidad, se puede decir que:

  • El silencio se opone al murmullo, vibración, ruido, grito o tumulto. Puede ser impedimento para hablar o para obrar. Es también una forma de discreción que lleva  acallar las palabras que no osamos o no queremos pronunciar.
  • El silencio, en música, es un signo que indica un tiempo de descanso en la ejecución de un fragmento.


Bajo los efectos de la concentración, el silencio permite la apertura de canales que acentúan el entendimiento. En efecto la ausencia de la palabra permite a nuestro cerebro  utilizar su energía para escuchar y observar con profundidad.

La percepción de los sentidos puede llegar a ser tal, que pueden llegar  a captarse sensaciones y emociones que pueden ser imperceptibles en otras circunstancias.

Solo la unificación de la voluntad y la concentración son capaces de lograr el verdadero silencio constructor, que suprime el miedo vence la timidez  y controla las energías vitales.

Todo trabajo de introspección, dirigido a la búsqueda de sí, para conseguir el equilibrio interior, comienza con el manejo del silencio.

El escritor, filósofo y psicólogo Rene Trosero, escribió las siguientes reflecciones sobre el silencio
Cuando callas, también hablas de ti mismo
Cuando callas un secreto, conozco tu fidelidad de amigo
Cuando callas tu propio dolor, conozco tu fortaleza
Cuando callas ante el dolor ajeno, conozco tu amor al prójimo
Cuando callas ante la injusticia, conozco tu valor y compromiso
Cuando callas ante lo imposible, conozco tu madurez y dominio de sí
Cuando callas ante la estupidez ajena, conozco tu sabiduría
Cuando callas ante los fuertes y poderosos, conozco tu altura de miras
Cuando callas ante lo que ignoras, conozco tu prudencia
Cuando callas tus propios méritos, conozco tu humildad y grandeza
(M:.R:.H:. Saúl Mazurski )


En muchas civilizaciones antiguas el silencio representó un importante elemento cultural, impuesto drásticamente para salvaguardar los secretos de esas ordenes. Así mismo, su representación clásica desde aquellos tiempos, es con los dedos de la mano derecha sobre los labios.



En Egipto, el dios Harpocrates fue representado en esta posición. Entre los magos y sacerdotes egipcios, los iniciados asumían un estado de silencio total mental y físico, para que los iniciados comprendieran la importancia de los sublimes secretos que iban a estudiar, siendo esta postura la que rigió a todas las sociedades iniciáticas posteriormente.

En el año 500, A. C., Buda también valorizaba el silencio como condición obligatoria para la contemplación. Los esenios tenían como principal símbolo un triangulo, en donde su principio esotérico y exotérico, fue enseñar que por la boca todo lo que va, viene de regreso y que cada una de las puntas, contenía los principios de perfección trinitaria. La primera lección de Buda es: Haz Silencio y escucha.



Dentro de los misterios griegos, encontramos el de Orfeo, que con magia de sus canticos y el de su música ejecutada en su lira, silenciaba a la naturaleza y todo se magnetizaba.

Eurípides, en su verso 470 de su obra “Las Bacantes” dice que la luz de los misterios, contienen el dulce sonido del silencio, entendiendo la palabra misterio derivada de la griega “myein”, que significa “boca cerrada”.

Pitágoras creo su escuela Iniciática y sus discípulos se distinguían en tres grados, siendo el primero el acústico, así llamado para aprender a silenciar la mente. En los 7 años de silencio observados por los discípulos y aun en los 12 años de abstención de la palabra que se impuso a los pies de sus maestros, quien habría de ser Rabbi Akiba.


“La única manera de saber expresar palabras sabias, es antes haberlas meditado a través del silencio. Los mas grandes logros del pensamiento humano, han sido fruto de su investigación en el silencio interior, que todo hombre debe saber desarrollar.” (A. Javier Facetti S.)

Aquí podemos establecer dos tipos de silencio. El silencio en el que se reflexiona y el silencio en que no se oye y se produce una abstracción del sitio; ya que callar no es sólo decir nada, sino que es un proceso reflexivo, de toma de conciencia.

Es en el primero en donde se genera la actitud idónea para el aprendizaje, este silencio es la base de la sabiduría, y punto de partida para el autoconocimiento. Es un estado de absoluto control de los pensamientos para mantenerlos enfocados y concentrados en la observación para luego aprender conocimientos o simplemente formar conciencia de lo observado, ya que callar u observar, implica mantener silencio.


El estado mental que nos puede generar mantener un silencio creador, nos permitiría estar abiertos para recibir la luz, que nos iluminará la conciencia y el espíritu para poder asimilar las enseñanzas y poder sobre todo, observar y hacer las reflexiones internas necesarias para poder comenzar a labrar nuestra piedra bruta interior, ajenos a los ruidos y pensamientos perturbadores del mundo profano. Este razonamiento nos lleva consecuencialmente hablar sobre el Silencio en Logia. (Thomas Carlyle)


Una leyenda referente al tema:

Los Cuatro Monjes

Cuatro monjes se retiraron a un monasterio, en la cima de una alejada montaña, para llevar a cabo un entrenamiento espiritual intensivo. Se establecieron en sus celdas y pidieron que nadie les molestase a lo largo de los siete días de retiro. Se autoimpusieron el voto de silencio durante esas jornadas. Bajo ningún concepto despegarían los labios. Un novicio les serviría esos días como asistente.

Llegó la primera noche y los cuatro monjes acudieron al santuario a meditar. El silencio era impresionante. Ardían vacilantes las lamparillas de manteca de yak. Olía a incienso. Los monjes se sentaron en meditación. Transcurrieron dos horas y de repente pareció que una de las lamparillas iba a apagarse. Uno de los monjes, dirigiéndose al asistente, dijo:
Estate atento, muchachito, no vayas a dejar que la lamparilla se apague.

Entonces uno de los otros tres monjes le llamó la atención:
No olvides que no hay que hablar durante siete días y menos en la sala de meditación
     Indignado, otro de los monjes dijo:
¡Parece mentira! ¿No recordáis que habéis hecho voto de silencio?
      Entonces el cuarto monje miró recriminatoriamente a sus compañeros y exclamó:
¡Qué lástima! Soy el único que observa el voto de silencio.
Es que, señores, este ejercicio no es fácil, pero tampoco imposible, porque debiéramos ser los dueños de tres cosas:
 1- Nuestra voluntad. Para decidir que una parte de nuestro tiempo dedicaremos para estar con nuestro Ser Interno.
 2-  Nuestro tiempo. Eligiendo dentro de un orden de prioridades que trozo usaremos, para esta actividad.
 3-  Nuestros pensamientos. Esta es la parte más difícil, porque entran en nuestra mente con o sin nuestro permiso, debiendo nosotros aquietarlos para lograr el relajamiento máximo. Para ello existen distintas técnicas.

Meditación